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¿A qué altura se puede llegar?

Dentro del mundo del vino hay muchos niveles de altura a los que se puede llegar, más aún cuando se habla de precios... ¡entonces el cielo es el límite! La mayoría de la gente paga lo que su bolsillo le permite, pero ojo, no significa necesariamente que cuanto más se pague, mejor será el vino. Todo es relativo, y también depende de muchos otros factores.

En cuanto a la altitud, no cabe duda de que existen limitaciones físicas en cuanto a la altura a la que se pueden plantar las vides para poder crear vinos de calidad.

El cambio climático está introduciendo nuevos factores y cambiando las reglas del juego, pero seguirá habiendo altitudes a las que las vides no puedan hacer frente.

El límite "normal" actual es de aproximadamente 1.000 metros sobre el nivel del mar; sin embargo, hay excepciones a esta regla. Por ejemplo, algunos de los viñedos más elevados de la España peninsular se encuentran en la región de Gredos (que alcanza los 1230 m), en la Alpujarra granadina (a 1300 m) y en Aragón, donde se encuentran viñas por encima de los 1100 m.

En Tenerife, algunas viñas están plantadas a 1700m, desafiando toda lógica. ¿Cómo es posible? Se debe principalmente a las condiciones climáticas y a los picos volcánicos que rascan el cielo.

Un extremo aún más lejano, es un viñedo situado en la meseta tibetana a 3500m, y hay una bodega en Argentina con vides plantadas a 3100m, sin embargo estos dos últimos ejemplos son extraordinariamente únicos.


La influencia de la altitud, en relación con los vinos, es muy clara. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos comprendido que cuanto más alto se sube, más se enfría la temperatura. En términos muy generales, cuando subes 100 metros, puedes esperar que la temperatura baje 1ºC.

Las vides de mayor altitud se benefician de este hecho, ya que retrasa la maduración de la uva. Además, la proximidad y la fuerza de los rayos del sol ayudan a crear uvas con pieles más gruesas, lo que en última instancia añade más color y aromas al vino.

A medida que se asciende en la montaña, los suelos tienden a ser más pobres en nutrientes y retienen menos agua y humedad. Las consecuencias de estos factores son probablemente bayas más pequeñas y una mayor concentración de sabores.

¡En definitiva, un sueño para los viticultores!

Los vinos del Priorato son un claro ejemplo de vinos creados en altitud, con uvas pequeñas de pieles gruesas y sabores concentrados. A menudo, una mayor altitud significa también un clima más seco, por lo que las hojas y las uvas pueden crecer sanas, sin el riesgo de ser infectadas por hongos peligrosos.

Pero, ¡no todo son ventajas en las alturas! La mecanización del campo ha aumentado, lo que ha introducido más técnicas industriales en el proceso de cultivo. Esto facilita mucho el cultivo, pero las máquinas no se adaptan bien a las colinas o laderas empinadas, por lo que, con el tiempo, muchas regiones vinícolas de gran altitud fueron abandonadas por terrenos más bajos y fáciles de manejar.


Hoy en día, reputados bodegueros españoles buscan los viñedos abandonados en las colinas más duras y escarpadas, para devolver la vida a las viejas cepas y recordar al mundo lo buenos que pueden ser los vinos de altura. Ni que decir tiene que estos vinos van a ser más artesanales y, por tanto, más costosos. Al fin y al cabo, un producto artesanal hay que pagarlo.


Pasando al otro extremo de la escala, ¿hasta dónde podemos llegar?

Cuando se habla de viñas, el único límite es el mar, y hay muchos viñedos en todo el mundo que están plantados junto al encanto de las olas. La influencia clara y refrescante de la brisa marina, los suelos arenosos, la mineralidad y la salinidad del entorno juegan un papel crucial en el producto final.


Tener viñas junto al mar no significa que la calidad vaya a ser de segunda categoría. Sí, el clima tiende a ser más cálido cerca de la costa, pero hay grandes regiones vinícolas situadas a menor altitud, siendo Burdeos un ejemplo clásico.

De hecho, la mayoría de las regiones vitivinícolas de alta calidad están junto a una masa de agua, ya sea el mar, un lago o un río, gracias a las condiciones de regulación de la temperatura que crean. Para que las vides crezcan sanas, las temperaturas constantes y moderadas son de suma importancia. Las olas de calor y las condiciones climáticas extremas son el enemigo.

El sol no es el único factor en las regiones vinícolas bajas. Una brisa fresca y la niebla de la mañana pueden dar a las uvas un respiro muy necesario, ayudándolas a conservar la acidez deseada. Uno de los vinos costeros más populares de España es el Albariño de Rías Baixas.

El txacolí del País Vasco también está experimentando una interesante reaparición. Ambos tipos de vinos son muy ácidos (cítricos), minerales y con un toque salado, por lo que son perfectos para acompañar platos de marisco.

Algunas bodegas están experimentando aún más, dirigiéndose a la costa para envejecer sus vinos bajo el agua.

La idea surgió del descubrimiento de vinos y champagnes en barcos que naufragaron y fueron rescatados y llevados a tierra.

En la actualidad, se trata de un procedimiento poco común y caro, pero interesante.

Las condiciones de envejecimiento bajo el agua son similares a las de tierra firme: poca luz, temperatura constante y alta humedad.

Sin embargo, la presión adicional parece dar a los vinos una dimensión adicional. Merece la pena probarlos sólo por el factor de rareza.



Ya sea alta o baja, la altitud en los vinos es un factor clave a tener en cuenta a la hora de elegir los vinos a probar. Merece la pena investigar de antemano, ya que el etiquetado puede ser muy confuso y, de momento, no está regulado. Como siempre, pregunte a su experto local o al personal de su tienda de vinos. Ellos le ayudarán a orientarse entre las opciones para que no se maree demasiado con todo esto de la altitud.

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